domingo, 1 de abril de 2012

Ser social.

"Sonríe, eres una niña muy seria".
   Sí, eso era verdad: niña seria y solitaria.
   ¿Tenía algún motivo para serlo? No, pero tampoco para no serlo, simplemente elegí esa forma de ser, si nadie se te acerca, nadie puede hacerte daño.
Pero, ¡sorpresa! Ser una niña seria está mal, tus padres se preocupan porque creen que no eres feliz, tus profesores se preocupan porque, a pesar de resultados excelentes, yo no me esforzaba en sonreír.
   Entonces ser seria está mal, ¿no? Pues tendremos que cambiarlo.

   Y, ¡pof! lo conseguí, tras años y años, aquí estoy, me he convertido en el ser social, porque, mirad ¡estoy en todas las putas partes!
   Si me dejas un poco de espacio, si capto un poco de receptividad, a pesar de la aprensión de mi interior a los grupos de gente desconocida, superficial y numerosa, tengo incluso la capacidad de caer bien, ¡increíble, la niña seria se ha transformado en el centro de una conversación grupal!
   
   Y se ha hecho tarde, el grupo se disgrega, se marchan a sus casas. He cumplido el objetivo: ser social, aunque ninguna de las conversaciones mantenidas me ha aportado nada, con suerte he obtenido una conversación trascendental durante escasos minutos hasta que otro individuo con el alma ebria interrumpiera con sus minucias. Vuelvo a casa. Sola. Mañana tendré algunas peticiones en Facebook, con suerte algún 'follower' en Twitter, pero a nadie que le preocupe ni le interese sacarle una sonrisa a la niña seria que fui, y que, al fin y al cabo, sigo siendo.

   Ya está, he hecho lo que está bien visto, y aún así, rodeada de gente que me presta su atención más superficial, es cuando siento la soledad más presente que nunca.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Recuerdo.

Y ahora, me ha dado por acordarme.
De ti, de cómo cualquier noche salíamos a quemar el mundo, daba igual quién nos acompañara.
Yo te decía cuánto te odiaba, tú lo poco que yo te gustaba.
Y al final, siempre, te llevaba a casa, a mi casa.

lunes, 8 de agosto de 2011

Amiga.

A mi mejor amiga no la conocí en el colegio, ni una noche de fiesta, ni en la universidad.
A mi mejor amiga la conocí dentro de una caja de cartón, hace poco más de once años.
Desde ese momento pensé que estaría siempre conmigo, que cuando tuviera mi casa, se vendría conmigo.
Sería vieja, la perra más vieja del mundo, rompería el record guinnes. Son absurdos pensamientos de mi yo de 10 años de edad.
Pero no.
Ahora se marcha, y no es consciente de ello. Dieciséis de agosto es la fecha para su billete, sólo de ida.
Estos pocos días que le quedan, me voy a dedicar a ella, porque nunca le ha importado mi forma de ser, mi temperamento, mis éxitos o fracasos.
Ella simplemente ha estado ahí, sentada a mi lado mientras miro las estrellas, tanto las noches heladas como las abrasadoras.
Adiós, mejor amiga.

miércoles, 12 de enero de 2011

Azotea.

Llevo días pensando en aquella azotea.
Aquella en la cual solíamos encontrarnos cuando queríamos escapar.
La que tú y yo creamos.
Aquella en la que te dije que no podía seguir a tu lado, pero que nunca iba a abandonarte.
Esa azotea que ya no existe.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Termino.

Podía coger tus bonitas manos,
y besar tus preciosos párpados.
Abrir todas tus puertas
y llamar a tus buenos amigos.

Pero todo terminó.

Puedo atar tus bonitas muñecas,
y cerrar tus preciosos ojos.
Golpear todas tus puertas,
avergonzarme de tus buenos amigos.

Porque todo ha terminado.

jueves, 7 de octubre de 2010

Siete

Aún no encuentro palabras para describir lo que empecé a sentir aquella noche.
Podría llamarlo amor, pero sería injusto decir que fue tan dulce.
Fueron celos, envidia, irritación y, por supuesto, deseo.
A veces tengo miedo,
temo que el día a día a su lado tan solo sea un sueño del que tarde o temprano tendré que despertar.
En un mundo tan miserable su luz era demasiado cegadora.
Por mucho que extienda la mano, aún ahora, algo me dice que jamás llegaré a alcanzarlo.

martes, 14 de septiembre de 2010

Analizo

y veo tantos restos de ti, en mi.
En mi forma de hablar, mi forma de hacer, mi forma de ser.
Es tan repelente que me resulta encantador.
Y por eso te echo un poco más...de menos.
Y por eso te odio un poco más, sólo un poco.